Hoy 24 de junio se cumplen 7 años desde que llegué de Chile a República Dominicana a instalarme.
Vine con muchos sueños, un poco de dinero, muchas ganas, unas cuántas maletas y el temor, y a la vez emoción, de lo desconocido.
Sólo una amiga y un amigo, un contacto y una llave de una habitación de una pensión, en Gazcue, en la que sólo había una cama, un abanico de techo, una mesa plástica, una silla y una cubeta. Un baño y cocina común y una casera bien jodona y odiosa.
Pasé ese primer mes viéndolo todo nuevo, aprendiendo a montarme en carro público, en Omsa, a ubicarme en la ciudad. Pasé ese mes rascándome las piernas por los cientos de picadas de mosquitos. Oliendo los vapores jugosos de las frutas del carrito de la esquina.
Y desde allí a construir la vida que tengo...
Ha pasado tiempo, 7 años no es poca cosa, pero me siento contenta.
He tenido tiempos buenos, tiempos malos, tiempos desastrozos, pero nunca he renunciado a mi sueño de quedarme aquí.
He conocido mucha gente, mucha gente buena, algunos malos. Muchos amig@s que valen en galones de gasolina su peso.
He visto cambios, en mi vida, en mi cuerpo, en mi corazón, en mi mente, en mi manera de hablar... en mi manera de enfrentarme a cada reto...
He querido, y he logrado saber la diferencia entre el amor verdadero y el enamoramiento...
He sido capaz de tomar grandes decisiones en mi vida... y el venir aquí ha sido sin duda, una de las favorables... a pesar de los costos emocionales de vivir lejos de la familia, sólo puedo decir que a pesar de la distancia física, el corazón nunca se distancia del amor familiar.
Y sigo tomando decisiones... (decisiones cada día, alguien pierde alguien gana, ave maría! Blades mode on) Ayer tomé una importante también... y estoy feliz.
El balance definitivamente ha sido positivo, y eso es lo que importa!